Los hijos del odio

(http://www.elimparcial.es/nacional/los-hijos-del-odio-76981.html)

Escribí sin odio contra las formas verbales destinadas a propalar el odio, alimento básico del terrorista”,

Fernando Aramburu[1]

El nacionalismo vasco se sustenta en el odio a España. No es una opinión ni una ocurrencia. Es una realidad. “Nosotros odiamos a España con toda nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra patria con las cadenas de esta vitanda esclavitud”, escribió Sabino Arana Goiri[2]. El periodista José María Calleja lo ha comentado y escrito muchas veces: “el problema del terrorismo nacionalista vasco es un problema de odio”[3]. De atizar ese odio enconado, vengativo e incesante surgen los terroristas que engrosan primero la “kale borroka” y luego ETA para extorsionar, atemorizar y matar a los que no piensan como ellos. Para derrumbar la libertad a base de sangre y hiel y bombas. Es el odio incubado en las familias, adobado en algunas ikastolas y embebido en la tribu de iguales. Odio cruel e indomable que lleva a menores a perpetrar diversas atrocidades y pensar en clave terrorista.

El 9 de marzo de 2008, un grupo de jóvenes comandados por Odei Ijurco, de 16 años, atacó con cócteles molotov a una patrulla de la Policía Foral de Navarra en el centro de Pamplona. Seis meses después, el 26 de septiembre, tres muchachos de entre 16 y 17 años aprovecharon el recreo del Colegio Iturrama de la capital navarra para colocar y exaltar fotografías de dos etarras. Aderezaron los retratos con flores y velas, y, rodeados de otra docena de jóvenes, entonaron proclamas apologéticas de los terroristas. Casi un año después, ell19 de septiembre de 2009, fueron detenidos en Pamplona seis menores, de 12 a 16 años, por colocar en un frontón una pancarta con fotos de presos de ETA.

El quince por ciento de los adolescentes vascos que cursan Educación Secundaria justifica o no rechaza la violencia de ETA. Otro catorce por ciento se muestra indiferente o pasivo. Más del ochenta por ciento de los estudiantes de modelo “A”, en castellano, tienen un rechazo alto o muy alto a ETA, mientras que ese porcentaje baja hasta el 62 por ciento entre quienes estudian en euskera, el modelo “D”[4]. En los libros de texto de veintisiete centros educativos de Navarra (las 15 ikastolas y 12 centros con modelo “D”) no se respeta la realidad política de la Comunidad foral[5]. En abril de 2009 detuvieron en Francia al etarra Alexander Uriarte, que enseñaba Ética en un colegio de Vitoria.

Juan Manuel de Prada escribía que ETA es como la hidra de Lerna, de siete cabezas, dada su evidente capacidad de regeneración. Y explicaba: “Un muchacho a quien se inculca, con la anuencia (o incluso el aplauso) de la autoridad educativa, una idea quimérica de la patria vasca, a quien desde la escuela se le instilan insidias constantes que no tienen otro propósito sino mantener vigoroso el veneno del odio contra la “dominación española”, no le queda otro remedio -si es que aún tiene sangre en las venas- que aceptar el uso de la violencia contra los opresores de su pueblo”[6].

Hechos infames, encuestas reveladoras y artículos clarificadores que ejemplifican qué está pasando. Decenas de jóvenes navarros y vascos fuertemente ideologizados apuntalan con sus actos las tesis fanáticas de una banda terrorista. Amparan y justifican a los que llaman “gudaris”, a los presuntos mártires de la causa nacionalista vasca. En la fabulosa película “La casa de mi padre”, Gorka Merchán retrata perfectamente cómo los menores se reúnen en la “herriko taberna” o el “gaztetxe” de turno para ingerir “kalimocho”, “maría” y odio a partes iguales. Primeros pasos para alimentar el horror etarra que ya dura cinco décadas.

Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Resulta muy complejo adentrarse en las estancias familiares donde se alienta la exaltación de lo vasco con tanta fuerza como el odio a lo español. Sí pueden darse pasos para que en las casas donde eso no ocurre los padres puedan detectar un foco de fanatismo y abatirlo, como exponía Maite Pagazaurtundúa en un artículo[7]. No obstante, la clave de bóveda para atajar de raíz ese odio abrasador es, para mí, actuar en las escuelas. Combatir con rigor histórico las imposturas, mitos y ficciones del nacionalismo que se escuchan en los pupitres. No hay que escatimar recursos ni perder tiempo. Que los políticos establezcan las vías necesarias.

Mientras no se destruyan las raíces del odio, poco importan las treguas, las trampas, los ‘procesos’, los “ceses de las acciones armadas ofensivas” o los altos el fuego de más o menos alcance. Burdas estratagemas.

Cuando los jóvenes vascos y navarros escuchen en las ikastolas las voces de Antígona frente al tirano Creonte[8], cuando alguien les cuente la verdad sobre ETA y sus secuaces, cuando sean capaces de comprender por sí mismos quiénes son los opresores y quiénes los oprimidos, se dará un paso firme para acabar con la cantera de terroristas, para domesticar a los “cachorros” desenfrenados, para eliminar el odio hiriente y engendrador de sufrimiento. Para, en suma, terminar con ETA al segar las posibles regeneraciones de la hidra venenosa, como Hércules amputó las siete cabezas del monstruo de Lerna.

—————————————————
[1] Estas palabras aparecieron en el número 190 de la revista Claves de Razón Práctica, donde se recogía en forma de artículo el discurso que Fernando Aramburu escribió para agradecer el premio que le dio la RAE por su fantástico libro “Los peces de la amargura”, en el que retrata a la perfección la sociedad vasca

[2] Antonio Elorza cita este párrafo en la página 63 de su libro “La patria de los vascos”, una antología de escritos de Arana, fundador del nacionalismo vasco moderno y del PNV

[3] José María Calleja ha expuesto esta tesis en varios libros, en múltiples debates y en numerosos artículos

[4] Datos del primer informe sobre Atención Institucional a las Víctimas del terrorismo elaborado por el Ararteko, defensor del pueblo en el País Vasco

[5] “Diario de Navarra”, 20-09-09

[6] Juan Manuel de Prada, ABC, 1-08-2009

[7] Maite Pagazaurtundúa, Revista Fundación Víctimas del Terrorismo

[8] Referencia al documental “Las voces de Antígona”, en el que mujeres víctimas de ETA narran sus experiencias, con la narración central del escritor Javier Reverte

Anuncios