Lágrimas en la lluvia

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Mentiría si no dijera que olía a mierda. Los piojos se adivinaban entre su melena nívea y deslavazada. El amor había muerto en su mirada añosa. Mostraba una dentadura oscura y acostumbrada a la derrota. Parecía un alma deshabitada. Nunca supe su nombre. La semana pasada desapareció de su banco. Puede que haya muerto.

Siempre leía un libro. Hace unos días decidí hablar con él porque vi cómo hojeaba despaciosamente Lágrimas en la lluvia (Sial/Trivium 2010), de Juan Manuel de Prada. Merece la pena pagar los 22 euros que cuesta la obra sólo por las tres páginas del prólogo. Me llamó la atención que aquel hombre cuyo nivel adquisitivo ni siquiera podía existir tuviera entre sus manos un libro recién horneado en la imprenta.

-Hola, ¿qué tal está el libro? Lo digo porque pienso comprarlo.
-Me gusta cómo escribe este hombre, pero a estas alturas ya no me queda nada nuevo que descubrir.

Incauto y atrevido, traté de infundirle esperanza. No lo conseguí. Cuando la inesperada conversación estaba a punto de terminar, una señora que pasaba junto a nosotros tropezó. No cayó de bruces porque mi interlocutor, más ágil que yo, la sujetó con fuerza.
Altiva, de mediana edad y demasiado segura de sí misma, la señora se separó con rapidez y sin educación ni gratitud.

-¡No me toque!

La situación me disgustó, pero no hice nada para repararla. Mi interlocutor no me dio tiempo a articular palabra.

-Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso significa ser esclavo.

Ambos, que compartíamos el monólogo de Rutger Hauer al final de Blade Runner, sonreímos. Nos despedimos estrechando la mano. Al llegar al trabajo, tras un par de mis impertinencias habituales, encendí el ordenador y navegué a YouTube para ver otra vez la mirada azul, humana y poderosa del actor holandés que aparentaba ser un replicante.

Pasé por el lugar del suceso ayer mismo. Él ya no estaba allí. Pensé en sus cabellos canosos. Supuse que, en efecto, todos los recuerdos de aquel hombre se perderán como lágrimas en la lluvia. ¿Qué habrá sido de él? Supongo que, al igual que en aquella secuencia que no será vencida por los días, decidió que era hora de morir.